Visita al Museo Franz Kafka – Que ver en Praga

La ciudad de Praga ha visto nacer entre sus calles y pintorescos edificios a diversos personajes ilustres que han logrado dejar huella en la historia y la cultura universal. Sin embargo, pocos de estos personajes se elevan al estatus de Franz Kafka.

El escritor praguense se consolidó como una de las figuras más importantes e influyentes de la literatura universal durante el siglo XX. Sus revolucionarias obras marcaron un antes y un después en el curso de la historia, entre las que destacan La Metamorfosis, El Proceso y El Castillo.

Su obra abarca una amplitud de temas que va desde los conflictos entre padres e hijos hasta las transformaciones siempre inexplicables y llenas de significados. Aunque la mayor parte de su obra fue escrita en alemán, y murió en Austria, su relación con Praga, su ciudad natal, siempre estuvo presente en su obra.

Una de las mejores maneras de comprender y conocer a profundidad la obra y la vida de este grandioso escritor es realizando una visita al Museo de Franz Kafka, ubicado en la ciudad de Praga.

Praga: cuna y escenario de Kafka

La exposición de Franz Kafka fue concebida en el año 1999 en Barcelona y no fue hasta el 2005 que se estableció de manera fija en Praga.

Ubicado la antigua fábrica de ladrillos Herget, el museo se constituye como una experiencia audiovisual que pretende sumergir a los visitantes en la Praga de Kafka. Haciendo uso de elementos sonoros  y estéticas altamente cuidadas, es posible sentirse dentro de una obra kafkiana  estando en el museo.

Es un ambiente sombrío, escalofriante, muy propio del autor praguense. En el museo se da a conocer la vida de Kafka, donde nació y creció en la ciudad, y como estos elementos de Praga se ven reflejados en su obra. En la sala Topografía Imaginaria se hace énfasis en esto, en todos los pasajes en los que Kafka pareciese haber hecho referencia a la ciudad de Praga a lo largo de su obra, tratando de establecer un vínculo entre la imaginación del autor y la ciudad que lo vio nacer.

Por otro lado está la sala Espacio Existencial: aquí es posible conocer la ciudad a través de la vida y obra del autor. Se explica la influencia que tuvo Praga sobre Kafka, no solamente como autor, si no en su vida, de cómo la atmósfera mágica y a veces sombría de la ciudad se abrió paso a través de la mente del autor hasta manifestarse en su vida misma, y por supuesto, en su obra.

El museo también expone otras facetas creativas del autor, como sus dibujos y bocetos junto a borradores y manuscritos de las obras que lo hicieron famoso. Para los no conocedores de Franz Kafka y su obra, el museo puede llegar a ser algo desconcertante, sin embargo, para aquellos que si la conocen y disfrutan de ella, el Museo de Franz Kafka es una de las maneras más interesantes de explorar Praga.

En la orilla oeste del río Moldava, a un tiro de piedra del Puente de Carlos, se encuentra una pintoresca plaza. Al otro lado de la plaza hay un par de puertas dobles que conducen a uno de los museos más curiosos, oscuros y transportables de Europa del Este.

La oscura e inmersiva galería del Museo Franz Kafka exhibe los artefactos personales del autor junto a extrañas representaciones de sus ideas. El museo juega entre las líneas de la realidad y la ficción, la realidad y la fantasía, para ilustrar cómo Kafka fue afectado por Praga y, a su vez, cómo la ciudad fue moldeada por sus escritos sobre ella. Las escuelas, apartamentos, oficinas y calles que frecuentaba Kafka aparecían en sus historias como alegorías de varios tipos de sufrimiento.

Dividido en dos partes, «Espacio existencial» y «Topografía imaginaria», el museo dibuja una cuerda tensa a lo largo de la vida de Kafka.

A través de una cornucopia de cartas, anotaciones en el diario, fotografías, misteriosos paisajes sonoros e instalaciones en 3D, teje un tapiz de exhibiciones intelectuales, artísticas, experienciales y de pesadilla. Varias estatuas mecánicas ilustran las ideas extrañas y a veces absurdas del escritor, como la fuente de orina de David Černý en el patio del museo.

La exposición imita los efectos surrealistas de la escritura de Kafka, persiguiendo al visitante mucho después de terminada la experiencia.

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